Fiestas Decembrinas

Martin Alcocer

Todo lo que inicia algún día llega a su fin. Hay finales tristes y otros alegres. Sobre todo aquellos que deben darse para darle paso a una nueva etapa. Quizás éste sea el caso del mes de diciembre, el último mes del año, que casualmente resulta ser el más alegre, sobre todo para los hispanos y mayormente para los mexicanos.

Resulta que diciembre para muchos es un mes reflexivo, espiritual, pero siempre alegre. Hay a quienes la llegada del fin de año les produce cierta inclinación por pensar, en que tanto han aprovechado el tiempo que han vivido, los logros que consiguieron en el año que está por terminar, los propósitos planteados a su inicio y los resultados obtenidos a esas alturas.

De las conclusiones obtenidas depende en gran medida lo tristes, frustrados o alegres que se sientan. Sin embargo, a final de cuentas, el ambiente festivo termina envolviéndonos y contagiándonos a todos por igual. Así desde las mañanitas a la Virgen Morena del Tepeyac, el 11 de diciembre, hasta la llegada de los Reyes Magos el 6 de enero, se vive en nuestros pueblos un ambiente festivo, lleno de alegría y mucha comida típica.

La celebración de las posadas, la noche buena, el día de los inocentes, la noche vieja y el año nuevo terminan por convencernos de que, si bien, en el año que está concluyendo no logramos nuestros objetivos, la vida nos ofrece otra oportunidad con la llegada de un nuevo año y la oportunidad de plantearnos nuevas buenas intenciones.

Para fortuna de quienes vivimos lejos de nuestros pueblos, ahora, también aquí, podemos disfrutar de todas esas tradiciones y exquisitos platillos. Las mañanitas a la Virgen de Guadalupe se celebran en cada iglesia católica al igual que las posadas. En las tiendas se consiguen todos los productos necesarios para cocinar los deliciosos antojitos típicos de esta época. Las panadería hornean suculentas roscas de reyes y nuestra gente se reúne en familia y/o entre amigos para revivir esas tradiciones.

Con lo anterior, el final de un año no preocupa, no entristece, al contrario, ofrece siempre la esperanza de que el venidero, llegue  cargado de agradables sorpresas, lleno de bondades para todos, con bienestar y prosperidad para cada uno de nosotros.

Con ese mismo sentido que tomamos el final del año, debiéramos mirar también el final de cada etapa. No deberíamos entristecernos porque se nos terminó el trabajo en una empresa o porque decidimos terminar con la actividad o el proyecto que algún día empezamos, ya que cuando una puerta se cierra siempre hay otra que se abre.
Tampoco deberíamos tomar a la muerte como algo trágico, ya que si bien llegamos al final de nuestra vida aquí en la tierra, nos espera una vida mejor en el reino de los cielos.

En conclusión, la vida es una serie de etapas, con oportunidades y retos constantes, pero en sí, la vida es una sola oportunidad que el Creador nos da para demostrar nuestra capacidad de cumplir con la misión que traemos encomendada. Una sola oportunidad para convivir armoniosamente con nuestros semejantes, para ser creativos, condescendientes, para construir y aportar algo positivo al entorno en que nos tocó desenvolvernos.

Al final de nuestros días seremos juzgados no por las riquezas que hayamos logrado atesorar, ni por los peldaños que escalamos en la sociedad, sino por las acciones que nos distinguieron de los demás, por la manera en que nos relacionamos con nuestros semejantes. Por la capacidad que tuvimos de perdonar y tenderle la mano a quien nos dañó o atacó.

Aprovechemos pues la alegría que nos ofrece el mes de diciembre para cargarnos de la energía suficiente. Tomémonos un tiempo a solas, con nosotros mismos, para reflexionar un poco sobre la manera en que hemos conducido nuestras vidas y propongámonos hacer los cambios necesarios para reorientarla a un mejor rumbo.
Aprovechemos para decirles a nuestros seres queridos cuanto los queremos y cuanto apreciamos lo que han hecho por nosotros y lo importantes que son en nuestras vidas. Tomemos el paso para reencontrarnos con aquellos que por alguna razón hemos mantenido distantes, retirados de nosotros. Busquemos la reconciliación ofreciendo y pidiendo el perdón a los errores cometidos, para empezar el nuevo año liberados de culpas, de remordimientos y con un espíritu de buena convivencia con todos los que nos rodean.
Aprovechemos, mientras podamos, esta oportunidad de ser el hermano, el amigo, el compañero, el vecino que todos queremos tener.
¡Felices fiestas!

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