Pompas Fúnebres

Por: Cirilo

* Una mujer soltera, pasada ya en años le dice a su mejor amiga:
-Ya estoy cansada de que me digan que tengo pompas fúnebres. Aparte de hacerlo para fastidiarme estoy segura que hay otra razón. ¿Tú tienes una ida de por qué?
La adorable “n” amiga le responde:
-No lo se, quiza sea por lo del ¡OLOR!

* Un hombre irresponsable y que se había portado muy mal con su pobre familia, muere al fin. En el acto del entierro, un hermano de él pronuncia la oración fúnebre:
”Fue un esposo modelo y un padre ejemplar”.
Al oír eso la viuda toma de la mano al niño que está a su lado y le dice:
”Vamos hijo, nos equivocamos de entierro”.

* Si sus familiares mayores les acosan en cada boda con la típica y molesta preguntita “¿Cuándo te vas a casar?” ¡Hagan lo que yo!
Recuerdo que mis tías solían acercarse a mí en las bodas, dándome golpecitos en las costillas y diciendo:
”Ya te toca… Sigues tú”.
Dejaron de hacerlo cuando yo empecé a hacer lo mismo, en los funerales.

* Llega un terrateniente a la casa de otro y pregunta al sirviente:
¿Está el patrón?
No, se fue a un entierro.
¿Tardará mucho en volver?
Yo creo que sí, iba dentro del ataúd.

* Dicen que un día allá en San Pendecuaro las calles se ven inundadas por una multudinaria caravana fúnebre y un fuereño le pregunta a un lugareño:
Oiga, ¿Sabe usted quién es el muerto?
Y el otro le contesta:
No estoy seguro, pero me parece que es el que va dentro de la caja.

* Resulta que había fallecido un hombre y cuando estaban velándolo llegaron los sepultureros, y la esposa empezó a gritar:
¡No se lo lleven por favor, no se lo lleven!
Señora tranquila, hemos venido para enterrar al muerto.
¡No por favor, no se lo lleven, no se lo lleven!, gritaba la mujer.
Pero señora tranquila, ha llegado la hora de llevarnos al muerto.
¡No se lo lleven, no se lo lleven!, seguía gritando
Hasta que uno de los sepultureros ya cansado le dijo:
Bueno señora, ¿Por qué no deja que nos llevemos el muerto?
Y ella le responde:
¡Es que es la primera vez que duerme en la casa!

* Javier y Pablo eran 2 hermanos ricos y malvados que iban a la misma iglesia. Cuando Pablo murió, Javier le entregó al pastor un cuantioso cheque para que mandara a construir un nuevo templo a todo lujo.
-Sólo le pongo una condición,- le aclaró en tono despótico:
-Que en el oficio fúnebre diga que mi hermano era un santo.
El pastor accedió y se apresuró a depositar el cheque en el banco. En la ceremonia fúnebre, subió al pulpito y declaró:
- Pablo era un hombre malvado, que engañaba a su mujer, y traicionaba a sus amigos, pero comparado con Javier, ¡ERA UN SANTO!

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