Los Adolescentes y el Dinero

Por: Liz Treviño

La adolescencia es el periodo en el que los jóvenes dan sus primeros pasos de forma autónoma y se enfrentan, sin la supervisión de los padres, a una realidad que puede resultar tan hostil como tentadora.
Por eso es importante supervisar el uso que le dan a su dinero y educarles en la responsabilidad y la contención. Convertirse en un consumidor responsable es esencial para que un adolescente se amolde con éxito en su paso hacia la etapa adulta.
Darle un uso juicioso a sus recursos monetarios, desviando los impulsos consumistas y controlar los gastos, son ejercicios de madurez que debe afrontar todo adolescente. El papel de los padres en esta tarea no es nada sencillo: ¿Cuánto dinero le doy a mi hijo? ¿Cómo controlo sus gastos? son preguntas frecuentes que no tienen una única respuesta. Sin embargo, los psicólogos han desarrollado unas pautas que facilitan a los progenitores su actuación ante el complicado binomio dinero-adolescentes.
Educar desde la infancia
No hay que esperar a la adolescencia para afrontar este difícil reto. Y es que no puede pretenderse, ni esperarse que un niño que lo ha tenido todo, exija menos a los catorce años. Por eso, desde que son pequeños resulta fundamental establecer límites.
Independientemente de lo que cuesten sus peticiones, no deben aceptarse siempre todas. Asimismo es aconsejable familiarizar a los pequeños con el uso y manejo del dinero: en vez de acceder a sus peticiones y abonar su importe, los psicólogos recomiendan que sea el propio niño el que disponga de una pequeña cantidad de dinero y distribuya el gasto por sí mismo. Así, no sólo comenzará a comprender el valor real del mismo, sino que limitará su impulso consumista.
Fijar un presupuesto
Una de las técnicas más efectivas para educar a un adolescente en el consumo responsable es la de fijar un presupuesto, que ha de ser acordado por ambas partes. Antes de sentarse a negociar, es aconsejable que los padres realicen un cálculo de los gastos que puede tener el adolescente al día, para no quedarse cortos ni excederse en la cantidad a ofrecer. Una vez alcanzado el acuerdo, al adolescente no le quedará más remedio que administrar correctamente su asignación.
Muy probablemente, se desfalcará y no logrará ajustar sus gastos al dinero disponible, durante un periodo de tiempo. Es entonces cuando los padres deben mantenerse firmes. Si el adolescente ha gastado rápidamente todo su dinero, debe asumir las consecuencias. Resulta contraproducente acceder a darle más dinero, ni un adelanto de la siguiente mesada. Sólo cuando asuma las penurias derivadas de un consumo irresponsable comenzará a administrarse con mayor raciocinio.
Acceso a tarjetas de crédito
La conveniencia o no de facilitar a los adolescentes tarjetas de crédito es motivo de disputa entre los psicólogos. Los detractores afirman que el consumo con “dinero de plástico” se realiza de una manera casi inconsciente. Diversos estudios han demostrado que el gasto- fuera de los artículos de primera necesidad- es mayor entre las personas que utilizan frecuentemente tarjetas de crédito que entre las que pagan con efectivo.
Según los expertos, duele más desprenderse de un billete de cincuenta dólares que firmar un recibo por la misma cantidad. Los partidarios al uso de las tarjetas entre los adolescentes argumentan la seguridad que da, precisamente, no llevar dinero en efectivo. Para ello existe una medida intermedia que ofrece las mismas ventajas y es la tarjeta de debito, con ella no correrá el riesgo de endeudarse, pues gastará el mismo dinero disponible y nada más.

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