La Volatilidad de la Reina

Por: Cirilo

Se dice que allá por el año 2000, el entonces PGRedista y ex candidato a la presidencia mexicana, Andrés Manuel López Obrador, solicitó a la Unión Europea una reunión de emergencia para exponer, lo que según él se consumaba en México, un fraude electoral.

Atendiendo al llamado de un líder mexicano, asistieron a dicha reunión los mandatarios de cada país de Europa. La misma reina Isabel ofreció ser la anfitriona y ordenó que se preparara la mejor sala de su palacio para tener ese dialogo.

Terminada la exposición del ex PeGe de gobierno capitalino, los dignatarios ofrecieron analizar la denuncia y conducir las investigaciones pertinentes para esclarecer y en su momento, pronunciarse del lado de la verdad, aunque también le advirtieron que tenían antecedentes suyo que lo calificaban como un insubordinado, irreverente, irrespetuoso, prepotente y déspota.

Con una inusitada humildad, López Obrador pidió que al menos le concedieran el privilegio de la duda y que lo observaran conducirse ante ellos, porque esa era la única forma que tenía de comportarse con toda la humanidad.

El hombre fue tan convincente que desde ese momento todos mantuvieron los ojos bien puestos en todo lo que hacía y decía. Por su parte AMLO se condujo con mucha propiedad, pues sabía que era el centro de las miradas y que dependiendo de la impresión que les causara, serían los beneficios que recibiría de ellos, pero… porque siempre hay un pero y el pozol, tarde o temprano termina por brotar, y este caso no fue la excepción.

Durante el banquete se sentaron junto a la reina, por un lado el presidente francés, por el otro el del gobierno español y al lado de éste el entonces PGRedista Andrés Manuel López Obrador, cuidando al máximo sus modales, para que no le fuera a brotar el tlacoyo que carga dentro.

Todo transcurría a mucha altura cuando de repente algo inesperado, sonoro y maloliente salió de la retaguardia de la alteza real.

Sin embargo, no tuvo siquiera oportunidad de disculparse, pues el Presidente de Francia se adelantó y dijo:

- Pido indulgencia por mi falta incalificable, pero debo confesar que durante la Guerra del 14 contraje una enfermedad que me produce terribles bochornos como el de este momento.-

Transcurren pocos minutos y la soberana repite el acto. Esta vez se anticipa el Presidente de España para solicitar disculpa:

–Demando perdón de sus excelencias, pero mi salud se halla afectada. Sólo el deber de cumplir con mi nación me ha hecho acudir a esta agradable tertulia.–

El protagonista de esta historia y a su vez representante mexicano, de manera inconsciente libera su verdadero “yo”, pero sin desmerecer ante nadie por lo que respecta a educación y buenas maneras, habiendo escuchado lo anterior, se dirigió a los presentes:

“Pues ya estando en confianza mis queridos colegas y para no verme opacado por sus gentilezas a su alteza, les propongo que el próximo pedazo que se tire la reina, corra total y completamente, a cargo de mi país.

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