Tres Borrachos en un…

Por: Cirilo

Cuentan las malas lenguas que una buena vez, agarraron la jarra tres alegres compadres que después de un buen tiempo de no verse, se reencuentran una tarde y desde a esa hora le entraron duro al chupe. Primero en un bar, luego se fueron a la cantina donde solían reunirse cuando eran solteros y ya entrados en recuerdos decidieron visitar la casa de citas a donde habían hecho su primer ridículo, perdón; quise decir, ´donde se estrenaron en la vida sexual´.

Medios borrosos por tanto alcohol y a muy altas horas de la noche, hacen sonar el timbre de la puerta de aquel establecimiento culinario, donde lo que menos venden es comida.

Después de varios minutos sale la madro…, perdón quise decir, la administradora del lugar, quien al principio les niega el acceso y por ende el servicio, alegando estar fuera de horario de atención, pero… al darse cuenta de quienes se trataba y haciendo una excepción por ser antiguos clientes que fielmente regresan a sus orígenes, los hace pasar, los acomoda en la salita y les sirve un trago de bienvenida.

Ya en confianza el más alivianado solicita el servicio de la siguiente forma:

-¡Madame!, tráiganos tres puchachas de las mejores que tenga.-

La madame responde:

–Bueno, muchachos, como ustedes comprenderán, por las altas horas a la que están llegando, sólo puedo ofrecerles a las dos que me acompañan, pues las otras ya se han retirado a descansar a las afueras de la ciudad, pero para que no queden disparejos, les ofrezco, de pilón, una mujer de plástico, hay ustedes se ponen de acuerdo a quien le toca ese honor.–

Los que estaban más conscientes de lo que sucedía, cruzan miradas entre sí y luego voltean a ver al tercero que está sumamente ebrio recargado en el sillón casi dormido, entonces deciden darle a ese la muñeca inflable, pero claro, ya rellenita para que no batallara.

Después de su numerito se despiden con la frase; ´aquí se rompió una taza y cada quien para su casa´.
Un par de días después, según lo habían convenido durante su noche de parranda, se encuentran los tres amigos sobrios y como en los viejos tiempos, comienzan a contarse los pormenores de la faena que se aventaron aquella noche en casa de la madame. Y el primero dice:

-¡Rayos!, a mí me toco una leona, esa morenaza fue excelente, ¡no pudo haber sido mejor!-

Replica el segundo:

–No creo que haya sido mejor que la mía, porque pa´que te lo sepas, la mía era rubia, delgadita, con un movimiento de cadera que parecía una batidora.—

Y el tercero dice:

—Conmigo se mancharon…

Sorprendidos los otros, piensan que su amigo se había dado cuenta de la trampa que le pusieron, pero para no quemarse le cuestionan inocentemente:

-¿Por qué dices eso ca…?-

—Porque a mí lo que me mandaron fue una bruja, literalmente hablando.—

-Bueno, y ¿Por qué dices que era una bruja?-

—Porque cuando le mordí un seno, salió volando por la ventana…—

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